domingo , 27 septiembre 2020

Querido (24D) junio – Fran Martínez

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Querido (24D) junio:

Hace ya veinticuatro días desde mi última carta, aquella que no pude evitar escribirte sin saber muy bien cuándo la leerías porque andabas más confundido de lo habitual. Desde el principio supe que sería difícil que me respondieras, pero no perdí la esperanza cada día de que sucediera.

Y no fallaste, a tu manera, de un modo distinto, pero respondiste. Contestaste cada día a aquella carta, quizás sin tú saberlo.

Respondiste cada vez que revisaba mi agenda mental y me daba cuenta de que estaba llena de huecos en blanco, que esta vez era yo el que tenía que rellenar; cuando faltaban los nombres de personas con las que esta vez había que inventarse una cita, porque la calle no nos iba a hacer coincidir; y también siempre que he pasado por decenas de sitios en los que faltaba algo en el encuadre, a pesar de que todo estaba en su sitio, más quieto e inmóvil que nunca. Y así, respondiste cada día.

Respondiste cada vez que fantaseaba con lo que estaría haciendo a esa hora, con lo que estaría sucediendo en ese momento en un lugar concreto o con lo que estaría preparando para lo que tendría que suceder un poco después. Contestabas cada vez que una imagen de “hace dos años…” se cruzaba por mis redes sociales, y era capaz de revivir con todo lujo de detalles lo que estaba ocurriendo en ese instante e incluso lo que sentíamos todos los que aparecemos en la foto. Y así, respondiste cada día.

Respondiste cada vez que mi cuerpo reaccionaba, de forma bastante incontrolable, a una pieza musical, un estallido aislado y repentino, una mirada cómplice, o cuatro palabras cargadas de sentimientos. Contestabas cada vez que mi mente se esforzaba por evitar pensar en qué día era, por simular que estábamos en un mes diferente, y al intentar adelantar el calendario para que, por primera vez en mi vida, estuviera deseando que apareciera el día 25. Y así, respondiste cada día.

Seguramente no fuiste consciente de todo ello, porque tienes cosas más importantes de las que preocuparte, y porque resulta algo complejo que alguien te hable como si fueras una persona, que te escriba cartas virtuales y que, encima, espere que las respondas. Pero lo hiciste, sin darte cuenta, a tu manera, de un modo distinto. Y así, respondiste cada día.

Respondiste de forma contundente, en el momento más atípico y con la realidad más favorable para una demostración sin precedentes. Cuando era un crío, además de todo aquello que te conté en mi primera carta, recuerdo que en muchas ocasiones soñaba que me perdía Les Fogueres. Era una particular pesadilla en la que me acostaba a dormir y, estaba tan cansado, que me despertaba cuando todo se había quemado (ese día 25 que tanto espero hoy). Era horrible imaginarlo, y recuerdo poner todo tipo de dispositivos y estrategias para evitar cada mañana que me ocurriera. Bendita inocencia, bendita locura de niños.

Y, mira por dónde, el mal sueño en parte se hizo realidad, y hubo un junio que pasó sin suceder, sin dejarse ver; como si todos estuviéramos dormidos.

Y ahí fue cuando respondiste de forma definitiva. Ahí fue cuándo diste la respuesta que siempre imaginé, pero nunca confirmaba; que formaba parte de esa pesadilla de crío, y que hasta 2020 no había sido posible hacer evidente: me cuesta mucho vivir sin ti. Casi diría que no sé hacerlo. Literalmente. Lo has puesto de manifiesto, sin ningún tipo de duda, y no me cuesta ni avergüenza reconocerlo.

Eres la dosis de energía en mitad del camino que hace reaparecer esa sonrisa vital, el paréntesis perfecto a cualquier tipo de rutina e inercia, y la forma más pura de sentir, sin temor a que te vayan a fallar, porque tú no escondes intenciones. Eres parte imprescindible de mi vida, y ahora tengo claro que seguirás siéndolo, por muchas veces que haya repetido en mi cabeza que parecía que esto se acababa. No sé hacerlo.

Y esta noche miraré de nuevo ahí arriba, donde he mirado todos los 24 de junio desde que tengo uso de razón, estuviera donde estuviera, ya fuera a la orilla del mar o muy tierra adentro. Porque me gusta pensar que en ese momento todos los que te queremos miramos en la misma dirección. Por una vez nos ponemos de acuerdo, y decidimos poner otro punto y aparte más en al calendario. Es la magia de esa particular Nochevieja del foguerer. Quemar, sentir, borrar y renacer. Y vuelta a empezar. Por fin, empezar. Poner punto y final al junio que pasó sin suceder, y empezar a caminar de nuevo otros 365 días de Fogueres.

Querido junio, yo crecí sentado en un bordillo esperándote; y aquí me he vuelto a sentar. Ya no necesito que respondas, solo que vuelvas, como tú sabes hacerlo.

Feliz Nit de Sant Joan, y vivan Les Fogueres 2021.

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