miércoles , 8 julio 2020

Querido junio (dos puntos) – Fran Martínez

Querido junio:

Otra vez estás aquí, con esa sutileza con la que nos desprendes de mayo cada año; con esa sensibilidad con la que le dices “aparta, que me toca a mí, y ahora empieza lo bueno”. Pero 2020 ha querido que esa sutileza sea extrema, tan extrema que se tiñe de melancolía. Melancolía por esas veces que llegabas arrasando, cuando eras el colofón de una cuenta atrás que todos, de un modo u otro, marcábamos en nuestras paredes, aunque no supiéramos ni cuándo la empezábamos, aunque cada año fuera la misma. Esa rutina, esa bendita rutina, este año no ha existido. Aunque sí, ya estás aquí, ya has llegado; pero con un sabor muy diferente.

Querido junio, echo de menos el ponerme nervioso al saber que vienes a verme. Echo de menos intentar ocultar esa sonrisilla tonta al imaginarte, ante la que cualquier pareja se pondría celosa. Echo de menos planear lo que haré contigo; marcarte con cientos de fechas, horas y lugares; revivirte en personas y momentos; y llenarte de mil tradiciones improvisadas que surgieron un día sin saber muy bien por qué. Ya estás aquí, sí; pero con un olor muy diferente.

Querido junio, no sé muy bien qué haré sin esa tarde de Plaza de España que termina en el Ayuntamiento, viendo una a una las caras de tanta gente que te esperaba como yo y que también sonríen sin poder evitarlo. Me va a faltar ese grito que me desataba la euforia y las lágrimas a partes iguales, me va a faltar esa primera cena de “ja estem en fogueres”, ese primer helado y horchata, y esos primeros encuentros furtivos en cada esquina intentando acelerar lo que para aún quedan días. Es cierto, ya estás aquí; pero traes un color diferente.

Querido junio, no han llegado y ya echo en falta los fines de semana de carreras eternas, de intentar estar a la vez en el racó y en Luceros, de saludar a toda prisa a los que me voy encontrando, y de darme prisa para encontrarme después con el resto. Me cuesta encajar que no me vas a poner la piel de gallina con ese primer disparo, me cuesta encajar que a las dos del mediodía no estarás esperándome. Me cuesta aceptar, incluso, que no tendré que correr a mi casa para ducharme, cambiarme de ropa y estar a tiempo en ningún desfile, ni siquiera disgustarme porque algo no ha salido como lo planeaba. El calendario no miente, estás aquí; pero tu nombre suena diferente.

Querido junio, hoy no suenas a la música de una banda que me acompaña detrás, no suenas a los petardos que algún crío está disparando en mi barrio, no suenas a llamadas y mensajes que entran en mi teléfono con decenas de cosas que suceden mientras yo intento que sucedan otras tantas. No suenas a junio. No vienes con la intensidad del que quiere vivirlo todo, de quien quiere ver a todos, del que corre del Puente Rojo a la calle Foguerer y se detiene en seco a mitad de camino porque una grúa ha llamado su atención desde Conde Lumiares. No vienes con la fuerza del que pagaría por tener una máquina que permitiera detener el tiempo en un instante y disfrutarlo hasta que el cuerpo no admita más. Ya sé que estás aquí, pero tu tacto no es el mismo de siempre.   

Querido junio, yo crecí sentado en un bordillo esperándote, crecí llegando a casa emocionado por ver un arco de luces, crecí en una plataforma sobre el mar, ansioso por visitar l’Exposició del Ninot, y satisfecho por haber cargado kilos de sacos de arena. Crecí sin necesidad de dormir mucho, soportando tus noches como si fueran días y viviendo tus días como la mejor de las noches. Porque haces que el cansancio no pese, y por eso te envidian los otros once. Fuiste mi infancia, mi adolescencia y mi juventud, y no me pesa decir que sigues siendo mi estrella, porque continúas regalándome las mismas sensaciones que en cualquiera de esas épocas.

Querido junio, ya estás aquí, pero no con la emoción que suele acaparar mis sentidos. Esta vez vienes cargado de esperanza, de buenos propósitos, de ganas de aguardarte con ganas, de paciencia y ansia por soportar 365 días más. Porque la vida lo ha querido así, porque coherencia, respeto y responsabilidad se han puesto de acuerdo para que así sea. Porque sí, estás, pero no estás.

Y seguiré esperándote, y seguiré viviéndote y haciéndote vivir. Seguiré en ese bordillo, seguiré cerca de ese mar, seguiré corriendo sin saber a dónde, seguiré recordando y seguiré queriendo sumar. Porque, aunque en 2020 hayas tenido que ser diferente, tú sigues siendo junio, y los que lo sabemos no vamos a dejar que lo olvides. Y esperaré a que llegues en 2021, y te recibiré con el doble de honores, de nervios, de emoción, de tradiciones, de encuentros, de lágrimas, sonrisas, prisas y sensaciones.

Porque tú, querido junio, has sido vida, mi vida; y ahora más que nunca es la palabra que más necesito, que más necesitamos.

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